Follow by Email

martes, 12 de septiembre de 2017

MUJERES CONTRA MUJERES EL OCASO DEL SEXISMO

        Quienes consideramos con particular simpatía la lucha del pueblo mapuche (comunidad humana singular que se sirve de la lengua mapudungun, existente desde mucho antes de que los europeos arribasen a América), oprimido sangrientamente por los Estados de Chile y Argentina, seguimos con desasosiego la “desaparición” en el pasado mes de agosto de Santiago Maldonado, en el marco de un operativo de la policía argentina contra Resistencia Ancestral Mapuche, en pie para rechazar el encarcelamiento de Facundo J. Huala, un respetado dirigente de ese pueblo.

         Huala ha declarado que los mapuches se movilizan para que el aparato de poder argentino no les mate “como ratas”, culpando de la actual situación, también de la no-aparición de Maldonado, a la ministra de Seguridad del gobierno de Mauricio Macri, Patricia Bullrich. Ella es quien está promoviendo una campaña de desinformación, difamación, amenazas y represión contra los mapuches, particularmente virulenta e inmoral, que amplía a quienes les dan respaldo. Ella y las féminas que forman parte de su equipo, las cuales en nada se diferencian de sus colegas varones en su furor racista y exterminacionista contra un pueblo que padeció, desde el siglo XVII, el colonialismo español, y luego la inquina facinerosa de los Estados que surgieron de la independencia, realizada conforme al patibulario proyecto político continental de Simón Bolívar. Porque el bolivarianismo es racismo, es aniquilación de los pueblos indígenas, entre otras muchas injusticias sociales e individuales.

         Los mapuches en Argentina son unos 210.000, de los cuales algo más de la mitad son féminas. Éstas, que manifiestan una impar combatividad en la defensa del derecho de su pueblo a ser y existir, son víctimas favoritas del terrorismo policial. Por tanto, en última instancia resultan agredidas regularmente por mujeres, la citada Patricia Bullrich y su equipo ministerial y policial, en el que hay una cierta porción de féminas. Llama la atención que la anterior presidenta del país, Cristina Fernández, exponga ahora que “se solidariza” con los mapuches y que “exige” la reaparición de Maldonado, ella que ha sido durante años bravucona acosadora de aquel pueblo indígena. Engañar y hacer demagogia está mal, también si lo hacen mujeres.

         Entre una y otra lo cierto es que han ido acumulando presas y presos políticos mapuches en las cárceles de Argentina. O sea: mujeres contra mujeres. Mujeres con poder contra mujeres sin poder. Conozco algo a las mapuches, que son magníficas, lo que me permite concluir que la actividad de la ministra Bullrich y su equipo debe calificarse de feminicidio.

         Se puede argüir que eso sucede porque el gobierno argentino es de derechas. Miremos, para aclarar esto, hacia Chile, donde los mapuches son 1.500.000. Allí el gobierno de la izquierda presidido por una fémina, Michelle Bachelet, que tiene a diversas mujeres en carteras ministeriales, ha ido promulgado desde 2014, año en que accedió a tan alta magistratura, leyes y normas de diversa naturaleza, perjudiciales y agresivas contra el pueblo mapuche. Las 780.000, aproximadamente, mujeres mapuches que viven en Chile han padecido el odio racista de las féminas de izquierda participantes en el gobierno de ese país.

De nuevo estamos ente un conflicto que enfrenta a mujeres contra mujeres. Féminas del Estado y el gobierno contra féminas del pueblo. Y no sólo eso pues, retornando al caso argentino, la señora Bullrich es, con seguridad, la responsable del secuestro y asesinato por la policía de un varón, el citado Santiago Maldonado, y de muchos otros, mapuches, que regularmente son matados impunemente por las fuerzas represivas, o en el mejor de los casos encarcelados, como Huala. Así pues, puede hablarse de una violencia de máximo nivel ejercida por mujeres contra varones.

         Hay muchísimos más casos. La jefa de facto de Birmania y Premio Nobel de la Paz (?), Aung San Suu Kyi, apoya y justifica el genocidio que el Estado birmano y el clero budista de dicho país están efectuando contra la minoría rohingya, de religión musulmana. Según algunos analistas es ella el cerebro de esa aterradora operación de exterminio, que hace que decenas de miles de hombres, mujeres y niños encuentra la muerte en condiciones atroces, a menudo después de maltratos y torturas escalofriantes. En este caso no se cumple el veredicto sexista de que lo masculino es, por naturaleza, violencia y lo femenino, por sí mismo, amor…

         Tampoco resulta aplicable a otro caso particular, que siete países europeos tengan, en el presente, a mujeres presidiendo el ministerio de Defensa: Italia, Alemania, Eslovenia, Albania, Noruega, Holanda y España. El máximo cargo estatal para la militarización de la vida social lo ejercen, por tanto, féminas. Son ellas las que están desarrollando la nueva política belicista de la Unión Europea, dirigida a elevar el gasto militar explicitó hasta el 2% del PIB, para relanzar en todo el mundo el neocolonialismo occidental. Así pues, la lucha antimilitarista en Europa ha de dirigirse, en lo referente a la denuncia de las personas involucradas, contra mujeres. El sexismo institucional presente a esas siete féminas como un ejemplo a celebrar de “poder femenino” pero lo cierto es que se trata de militarismo vulgar y corriente, aplicado por mujeres dotadas de un poder colosal, ellas y sus numerosas colaboradoras, expertas, generalas, etc.

         No hay que olvidar que los pueblos europeos están sometidos al dictado de una mujer maquiavélica, inmoral y totalitaria, Ángela Merkel. Allí donde Hitler fracasó ella está triunfando, siendo tan racista, militarista, estatolátrica y devota del capitalismo como el jefe nacional-socialista aunque de otra forma. Europa es hoy feudo de Alemania gracias a su depravado obrar.

         Lo cierto es que cada vez hay más mujeres agresivas y violentas. Mujeres que golpean y matan a otras mujeres. Que asesinan a hombres. Que se sirven de la inicua Ley de Violencia de Género para presentar denuncias falsa, mandando a sus parejas a la cárcel y quedándose con los bienes comunes. Que satisfacen sus impulsos sádicos atormentando a ancianas y niñas, a ancianos y niños. Que siendo policías han de responder de acusaciones de malos tratos y torturas, cientos de casos cada año en la UE. Que se incorporan a los ejércitos y cuerpos policiales, en los que ocupan rangos y empleos cada vez más elevados, participando como mandos y tropas en todas las guerras hoy activas, donde sus comportamientos no son ni compasivos ni afectuosos. Hoy el ejército imperial por excelencia, el de EEUU, que es la fuerza número uno en la defensa y expansión planetaria del capitalismo, depende en buena medida de las mujeres, en particular de las de etnia negra, que se están enrolando en masa. La responsabilidad de Hillary Clinton en la ideación, planificación y constitución del Estado Islámico es incuestionable, de donde ha resultado la más terrible máquina para esclavizar, mercantilizar, torturar y ultimar a mujeres del último siglo. De nuevo, mujeres contra mujeres, aunque en este caso sea con varones matones e ignominiosos interpuestos, los cuales en lo más decisivos son un instrumento de la señora Clinton y sus socias/socios…

         Mirando un poco más hacia lo más próximo nos encontramos con que son varios los grupos de extrema derecha en Europa que tienen a féminas como caudillas y jerarcas, en algunos casos dando órdenes a dóciles varones atiborrados de tatuajes fascistas. En los partidos de derechas hay un gran plantel de mujeres, las cuales en general tiene más nivel intelectual y más capacidad de acción independiente que en los de la izquierda, lo que se explica porque en los primeros los prejuicios paternalistas y neo-patriarcales son menos intensos y por ello menos feminicidas. Cada vez más se dan en la vida política enfrentamientos de mujeres contra mujeres, que en ocasiones son notablemente virulentos, con insultos groseros, violencia verbal y amenazas mutuas. Se tiene la sensación que el número de las mujeres profesionales de la política y la administración estatal encausadas por corrupción es, proporcionalmente, mayor que el de los varones.

La derecha española prepara a una de las suyas, Soraya Sáenz de Santamaría, para ser la primera mujer presidenta del gobierno español. Con ello continúa la línea seguida hasta ahora por aquélla, que ha logrado que mujeres de la derecha hayan ido ocupando cargos políticos claves con naturaleza inaugural: la primera presidenta del parlamento, la primera secretaria general de un partido con millones de votos, la primera alcaldesa de Madrid, la primera secretaria general del CNI (Centro Nacional de Inteligencia), etc., etc., etc. Dicho de otro modo, las mujeres, algunas de ellas, sirven excelentemente al Estado, son magníficas como dominadoras y opresoras, de ahí que asciendan en tan gran número a puestos y cargos decisivos. Es seguro que en pocos años éstos estarán ocupados mayoritariamente por mujeres. Que el 55% de los estudiantes universitarios sean féminas contiene en sí tal desenlace.

         El número y proporción de mujeres empresarias, capitalistas, burguesas, explotadoras, aumenta año tras año, considerando que dos de cada tres personas que emprende negocios en el presente son féminas. No llegan, todavía, al 50% pero se aproxima con rapidez. Esto está refutado el chovinismo sexista de un modo irrebatible, pues cada vez más féminas (quizá millones ya) han de padecer penosas condiciones laborales impuestas por otras mujeres, sus encargadas, acaudaladas y dueñas. En las empresas la pelea diaria entre féminas se hace más intensa, mujeres jefas contra mujeres asalariadas, y viceversa.

         Un aspecto de la lucha de clases en la compañía capitalista feminicida merece la pena resaltar. Es la persecución que las jefas y altos cargos femeninos someten a las mujeres que son madres y, sobre todo, a las que desean serlo. Una parte quizá mayoritaria de las féminas que se suicidan cada año lo hacen porque no pueden satisfacer su anhelo, que es también biológico e incluso reptiliano, de ser madres, por la represión del deseo materno y demonización de la sexualidad reproductiva que lleva a efecto la gran empresa, por si y a través de las numerosas jaurías mediáticas y callejeras que financia, bellaca actividad para la que se sirven cada día más de mujeres. De nuevo mujeres contra mujeres.

         Lo cierto es que la lucha de clases está prevaleciendo sobre la lucha de los sexos. No debe entenderse aquélla como única y principalmente pugna económica sino como el conflicto universal entre los sujetos que tienen poder y los que no, entre los dominadores y los dominados, los mandantes y los mandados, los libres y los sometidos. En esa decisiva confrontación las mujeres están en uno y otro bando, como es lógico. Mujeres que forman parte del clan de los expoliados y otras, muchas menos, que son un componente de los expoliadores. Féminas que ejercen la tiranía sobre los pueblos y mujeres que, al formar parte de esos pueblos, soportan el severo yugo de las mujeres (y varones)  dominadores.

         Durante decenios se ha sostenido desde las instituciones del Estado que los hombres son un compendio repulsivo de maldades y las mujeres una síntesis inmaculada de bondades. Ello ha sido elaborado por personalidades averiadas, como Simone de Beauvoir[1], hace ya mucho tiempo. Es verdad que el viejo patriarcado, al confinar a la mujer en el ámbito de lo privado, hacía posible que, en tanto que mera ilusión óptica, los varones aparecieran como responsables de todo el mal del mundo y las féminas como sus víctimas. Pero la desarticulación de ese tipo de patriarcado, que se viene haciendo desde los años 60 del siglo XX en Occidente, ha empujado a las féminas a un número cada año mayor de puestos y empleos de responsabilidad, poder, dominio y mando, de manera que su pretendida esencia diáfana e intachable se ha ido manchando y contaminando.

         En el libro “Feminicidio, o autoconstrucción de la mujer”, del que soy coautor, se anuncia que el sexismo femenino, alentada desde el poder constituido, tiene los días contados, debido a los cambios sociológicos que están teniendo lugar en la base de la sociedad, con la masiva incorporación de mujeres a la vida extra-doméstica. Ello convierte a una minoría de éstas en activas integrantes de la dictadura y el poder/poderes constituido, y a la gran mayoría en víctimas, en oprimidas por otras mujeres, las con poder, además de los hombres que comparten con aquéllas los privilegios clasistas.

         De esa manera, la retórica sexista hostil al varón pierde su supuesta base objetiva y, con ello, su aparente realismo. Pero más aún la pierde las invocaciones a “las mujeres”, que presenta a éstas como un colectivo singular y homogéneo, pretendidamente situado al margen de las estructuras políticas de dominadores/dominados y más allá de la lucha de clases, existiendo en un limbo ilusorio. El libro citado se editó en 2012 y en los cinco años que han transcurrido lo que en él se comunica a partir del análisis del fenómeno patriarcal se está cumpliendo. En muy pocos años más el proceso se habrá realizado en su totalidad.         

         Eso está trasladando la lucha de clases al interior de la comunidad mujeril, cada vez más dividida, polarizada y enfrentada. El antagonismo entre mujeres opresoras y mujeres oprimidas llegará a ser decisivo en poquísimos años, arrumbando lo poco que todavía tiene consistencia del avieso discurso sexista. Cada vez más las mujeres (y los hombres) de las clases modestas se están percibiendo como víctimas del obrar despótico de las mujeres (y los varones) con poder.

         El aspecto más interesante de ello es que libera la mente de las mujeres de las clases populares de los prejuicios sexistas y las une, por necesidad, con los varones de su misma condición, para resistir a los viejos y nuevos opresores, a las viejas y nuevas mandamases. Eso es muy bueno para el proyecto y programa de la revolución. Permitirá, al mismo tiempo, el florecimiento de relaciones renovadas y mejoradas de afecto, cariño, respeto, amor y erotismo entre mujeres y hombres. Quienes han sido artificiosa y maquiavélicamente enfrentados en los pasados decenios tienen ahora ante sí la posibilidad de reencontrase y reconciliarse. Eso será una colosal mejora, un renacer de la vida colectiva e individual en una sociedad, como la nuestra, envilecida por la soledad y el desamor


[1] Interesante es el escrito de Lucian Valsan, “Simone de Beauvoir: nazi, pedófila y misógina”, aunque nada hay en él que no se conociera desde hace mucho, en particular su desquiciada misoginia, su odio oceánico a lo femenino, como queda expuesto críticamente en mi libro, antes citado. Y lo mismo puede sostenerse de su adhesión al nazismo en los años de la ocupación de Francia por Hitler, posteriormente negada por ella con la mayor desvergüenza. Por eso en su ideología y grey se unifican lo misógino, convenientemente reelaborado, y lo nazi.

jueves, 24 de agosto de 2017

RACISMO BLANCO Y RACISMO NEGRO. Apuntes para una historia no autorizada del imperialismo EEUU


         Los enfrentamientos acaecidos este estío entre racistas blancos y racistas negros en EEUU (éstos últimos respaldados por multiculturalistas y progresistas blancos, además de por todo el poder mediático norteamericano), con motivo de la opuesta valoración de unos y otros sobre la Guerra de Secesión de EEUU (1861-1865), invita a realizar un análisis objetivo de la historia de ese país, hoy la potencia imperial todavía dominante a escala planetaria. A la vez, favorece la condena argumentada de todas las expresiones de racismo, se manifieste como racismo de los blancos o racismo de los negros. El racismo es siempre desigualdad, explotación, capitalismo, por eso el proyecto y programa revolucionario ha de sublevarse contra él en todas sus manifestaciones, y no sólo en algunas.

Tan intolerable es el racismo blanco representado por neonazis, supremacistas blancos y lo que sobrevive de esa horridez criminal conocida como KKK (Ku Klux Klan), como el racismo negro, heredero del Partido Panteras Negras (uno de los grupos más substancialmente supremacistas del siglo XX a escala planetaria), Malcolm X y sus manifestaciones actuales, todas ellas favorecedoras del capitalismo, el militarismo USA y el imperialismo yanki, por tanto anti-revolucionarias. El racismo negro es hoy más útil y valioso para la máquina de guerra del Pentágono que el blanco, de ahí que ésa, y con ella todo el gran capitalismo globalizador de USA, lo protejan, premien y promuevan. Esto explica la toma de partido de todo el aparato mediático en contra del racismo de los blancos y a favor del racismo de los negros.

         Revelar por qué y cómo se ha creado esta situación, así como su significación política actual y su evolución más probable, es aportar una herramienta analítica de importancia para promover el avance de la revolución popular, comunal e integral planetaria. Porque una cosa es la versión progresista, burguesa, de la historia de EEUU, que es la que se impone desde la escuela y los medios de comunicación, y otra la verdad de lo que sucedió.

El fundamento del progresismo es la mentira y la manipulación de las mentes, en EEUU tanto como en el Estado español. Aquí su ejecutoria a partir de la Constitución de Cádiz, 1812, fue un genocidio secular, que arrasó con el comunal, eliminó las formas asamblearias de autogobierno municipal, infringió daños gravísimos al medio ambiente (que dos siglos después están convirtiendo la península ibérica en un cuasi-desierto), estableció una forma jurídicamente obligatoria de patriarcado, destruyó los sistemas de autogobierno parcial de Euskal Herria, Galiza, etc. (los de Cataluña ya las había extinguido el antecedente inmediato del liberalismo español, la monarquía centralista, en 1714), sometió a un adoctrinamiento permanente a la infancia con la escuela estatal obligatoria, concentró todo el poder y toda la riqueza en Madrid, estatuyó un régimen centralista español que saqueaba al campo para abastecer las ciudades a través de un sistema tributario confiscatorio que condenaba a la rural gente a la pobreza e incluso al hambre, estableció el servicio militar obligatoria para hacer operativo el colonialismo español, fomentó la acumulación y concentración de la propiedad (en particular, con las diversas leyes de desamortización civil, que arrebataron a punta de bayoneta a los pueblos sus tierras y otros muchos bienes comunales) dando con ello un impulso decisivo al desenvolvimiento del capitalismo, elevó al clero católico al privilegiado estatuto de cuerpo de funcionarios del Estado que se apropiaba de una parte conspicua del presupuesto estatal y convirtió al individuo en un rehén y una propiedad del Estado, reduciéndole a la condición de ser nada. La represión continuada y violentísima de quienes se resistían al liberalismo, en particular las gentes del agro de la mitad norte de Iberia, convirtió a nuestro siglo XIX en un baño de sangre continuado.



miércoles, 9 de agosto de 2017

HACIA UN DEBATE PÚBLICO SOBRE LA EMIGRACIÓN


         La emigración es ya uno de los problemas que más preocupan a la opinión pública europea. Ésta está dando un giro, dejando a un lado los mendaces argumentos paternalistas y caritativos, buenistas, sentimentales y asistenciales con que los poderes constituidos tratan mediáticamente tan decisiva materia, para atenerse a un enfoque cada vez más riguroso y objetivo de los hechos, lo que lleva a un número creciente de personas a considerar con espíritu crítico el hecho migratorio masivo.

         Nos aproximamos a un momento de ruptura, en el cual una parte progresiva de las gentes de Europa se posicionará en contra de la emigración de masas, enfatizando el daño que hace no sólo a las clases modestas del Viejo Continente, del Norte, sino también a los países “en vías de desarrollo”, del Sur, que están siendo devastados y saqueados a placer por los ricos de los países ricos por medio del torrente sin fin de la emigración.

         Cada vez se comprende mejor que ésta es una decisiva estrategia del capitalismo globalizador para golpear y desvalijar, aculturar y devastar a las clases modestas de los países ricos y de los países pobres al mismo tiempo. En él hay un ganador doble, el gran capital de los territorios receptores y emisores de emigrantes, y un perdedor asimismo doble, las gentes trabajadoras de ambos tipos de países.

         Ese debate, que ya está empezando a tener lugar, es invariablemente contestado desde las instituciones y sus agentes con calumnias, injurias, amenazas, agresiones y exclusiones. Dado que la emigración es absolutamente vital para la patronal de la era global, pues dinamiza al capitalismo y le proporciona mano de obra barata, y para el Estado/Estados, debido a que los emigrantes contribuyen a llenar las arcas del Estado acrecentando los ingresos tributarios, hoy no es posible expresarse con libertad sobre este asunto. Así pues, falta absolutamente la libertad de expresión, también porque las fuerzas institucionales son incapaces de aportar argumentos, lo que les obliga a valerse de una estrategia del temor y el linchamiento, que aplican brutalmente a quien difiera, por poco que sea, de la versión oficial.

         El debate, por tanto, ha de hacerse fuera de las instituciones, y en la semi-clandestinidad.

         Al mismo tiempo, para imposibilitar que las gentes modestas de Europa despierten a la verdad sobre esta materia, los poderes constituidos invierten una enorme cantidad de dinero en propaganda, financiando a un sinnúmero de instituciones, fundaciones, colectivos, personalidades e intelectuales, a los que encargan la defensa de la versión oficial, hecha de ocultaciones clamorosas, medias verdades, sofismas cuidadosamente urdidos, explotación descarada de los buenos sentimientos de las gentes, chantaje emocional y mentiras descomunales.

         Ante ello nuestra meta ha de ser proporcionar datos, estudios y análisis serenos, equilibrados y objetivos sobre el hecho migratorio, señalando las manipulaciones de que se sirve la gran patronal y sus compadres del ente estatal para tener mano de obra abundante y gratuita, que es robada, literalmente, a los países pobres. A éstos el neocolonialismo europeo, además de saquearles sus recursos naturales, ahora les estás expropiando lo más valioso, su población.

         Es tantísimo lo que está en juego que los apologetas de la emigración no se detienen ante nada. Pretenden que el conflicto principal se da entre autóctonos y emigrantes, cuando no es así, pues en todo ello hay unos ganadores, los ricos, las clases medias y la aristocracia obrera, y unos perdedores, los trabajadores, parados, jóvenes y mujeres de menores ingresos y recursos, sean indígenas o emigrantes. Para sostener esta ficción, han de tapar que los inmigrantes con arraigo, los que llevan en Europa diez años o más, están en contra de la emigración actual con más motivos que nadie, debido a que ellos son los perdedores netos. Por ejemplo, si el salario real del emigrante medio ya afincado aquí está ahora en los 3-4 euros la hora, la llegada de, pongamos por caso, un millón de nuevos emigrantes (que es el número de personas robadas a Siria por Alemania con la mayor desvergüenza), significaría que los salarios de aquéllos se quedarían en los 2-3 euros, lo que conforma una situación de precariedad preocupante.

         Por eso los defensores de la emigración, que se erigen en portavoces y bienhechores de los emigrantes sin que éstos les haya autorizado a ello, tienen que valerse de la intimidación y el miedo como elementos concluyentes para lograr el asentimiento de las gentes a la política institucional de abastecimiento al gran capitalismo europeo de mano de obra criada en otros países, con lo que para él resulta ser gratuita, de coste cero. En ese uso matonil del temor y la amenaza coinciden todas las fuerzas política, todas las ideologías, todos los aparatos clericales y todos los poderes institucionales.

         La situación está alcanzando un punto crítico, en el cual ya no sirve, como hasta ahora, el efecto embrutecedor y paralizante de las mentiras y, sobre todo, del hostigamiento y la intimidación a quienes se atreves a exponer la verdad, que a veces son inmigrantes a los que sin contemplaciones se tapa la boca. Por ejemplo, cuando algunos marroquíes beneméritos arguyen que su país se está quedando sin juventud porque toda ella se viene a Europa, y que eso es una catástrofe demográfica, económica y cultural (es, en realidad, un genocidio perpetrado con palabritas melifluas y discursos buenistas), además de política, se les agrede verbal y mediáticamente y se les trata como unos indeseables, sin que hagan nada en su ayuda, más bien al contrario, los profesiones multi-subsidiados de “la lucha contra el racismo y la xenofobia”.

         La meta ha de ser aportar conocimiento y luz sobre la totalidad del fenómeno migratorio. Hay que proporcionar análisis ponderados y objetivos a fuer de serenos y bien documentados para que cada persona pueda formarse su propia opinión sobre esta determinante materia con razonable libertad, lo que ahora no existe. Hay que oponer a la propaganda  institucional pro-emigración la verdad sobre la emigración como el gran negocio del capitalismo senil y vandálico europeo, neocolonialista, del siglo XXI.

         Es necesario investigar su fundamento económico y los efectos, tan dispares, que origina en los ricos y en los pobres de los países ricos. También es preciso analizar lo que está sucediendo en los países pobres exportadores de mano de obra, convertidos en granjas de crianza de seres humanos que, alcanzada la edad de ser productivos, son llevados a Europa. En estos países hay unos ganadores con la emigración, sus oligarquías, casta clerical y Estados, y unos perdedores, las pobres gentes forzadas a convertirse en ganado de labor con rostro humano.

Eso no niega la responsabilidad moral y política de los emigrantes, de cada uno de ellos persona a persona, cuyo deber cívico es permanecer en su país para allí promover cambios revolucionarios que realicen el derecho a vivir en donde se ha nacido (que es uno de los derechos naturales de todo ser humano) en vez de venir a Europa a integrarse en la sociedad de consumo, fortaleciendo el neocolonialismo europeo con su trabajo y estancia. No hay paternalismo posible ya, y cada parte debe asumir sus responsabilidades. Porque el paternalismo es una de las peores expresiones de racismo.

         Quienes creen que la emigración es algo así como una actividad “anticapitalista” deberían leer los textos de, entre otros, Alberto Recarte, un economista de cierto prestigio impúdicamente valedor del capitalismo. En ellos Recarte explica que la emigración es una bendición inmensa para la patronal y el poder financiero español, más aún, que es el fundamento mismo de su crecimiento en los últimos decenios.
        
         Hay que estudiar experiencias históricas de captura forzada, semi-forzada o manipulativamente “libre” de mano de obra, conversión de los seres humanos en ganado laboral y emigración. Por ejemplo, en Roma, en donde el aprisionamiento de nuevos esclavos era la meta número uno de las guerras incesantes que llevó adelante la república romana y luego el Principado, su sucesor. Hay que explorar al tráfico trasatlántico de esclavos negros, de África a América en la edad moderna, que ahora se repite con Europa como destino. Y, sobre todo, conviene examinar la política migratoria de los nazis en el poder, que llenaron Alemania de emigrantes, igual que está haciendo esa mujer perversa y enloquecida que es Ángela Merkel, sucesora y continuadora en todo lo importante de Hitler.

Alemania es hoy, igual que lo fue con los nazis, el enemigo número uno de Europa. En España la derecha y la izquierda, la extrema derecha y la extrema izquierda, todos, siguen a Merkel, repiten sus consignas y realiza su política. Frente a ello se ha de alzar el programa de la revolución popular integral para la emigración. La gente que hoy en Alemania aplaude el expolio de la población de Siria es la misma que en 1933 votó a Hitler, el mismo tipo de alemanes depravados que luego, en 1943-45, estando la guerra ya perdida, estuvieron hasta al finar con el Führer, matando y haciéndose matar sin sentido. Ahora es una Führer quien lleva a adelante todo ello, porque en el presente una buena parte de las maldades y genocidios realizados desde el poder han de ser dirigidos por mujeres, pues ese el signo de los tiempos…

         De notable importancia será el estudio de la política migratoria del franquismo, que trato en mi libro “Naturaleza, ruralidad y civilización”. El fascismo español se sirve a lo grande de la emigración, sobre todo en dos de sus variantes. Una es el saqueo de la población rural, convertida en mano de obra para la industria y las ciudades, lo que lleva a la aniquilación de la sociedad rural popular tradicional y su admirable cultura milenaria, lo que tiene lugar en 1955-1970. Otro, el forzamiento de la emigración hacia Europa, lo que convirtió las remesas de los emigrantes, la gran masa monetaria en divisas que enviaban a España, en probablemente el fundamental factor económico que dio estabilidad y continuidad al régimen de Franco. Sin esas dos operaciones migratorias el fascismo español no habría podido mantenerse los cuarenta años célebres, luctuoso suceso que es un caso concreto ente cientos que muestra que cualquier hecho migratorio es pieza esencial de las estrategias de la reacción y las tiranías.

         El problema no termina ahí. Se debe estudiar la emigración a Europa como una forma de limpieza étnica y sustitución racial, dirigida a convertir a los pueblos indígenas europeos en una nueva versión de los pueblos indígenas de América, en minorías oprimidas, marginadas, alcoholizadas, entregadas a las drogas, enfermas del cuerpo y del espíritu, que no se reproducen y en fase de extinción. Todos los pueblos tienen derecho a la continuidad como etnias pero ahora ese derecho está siendo conculcado a lo grande en Europa, donde existen numerosos barrios, ciudades y poblaciones en el que el proceso de sustitución étnica y limpieza racial ya se ha realizado. En sólo una generación, si no hay revolución, los pueblos europeos serán minorías en sus propios países, minorías perseguidas y condenadas a la desaparición. El furor del racismo antiblanco, que es hoy la forma principal que adopta el racismo institucional, es decir, estatal y empresarial, en Europa, así lo indica. Frente a tales horrores la revolución anticapitalista popular es el único remedio efectivo.

         En todo este torbellino de perfidia y demencia los aparatos mediáticos del poder constituido nos echan encima una y otra vez a los niños y niñas pijos, a las hijas y los hijos de papá, que con, su conocida arrogancia clasista y odio por lo popular, denuncian sin descanso lo muy “racistas”, “xenófobas” e “islamófobas” que son las clases asalariadas, por resistirse a la estrategia de limpieza étnica y sustitución racial diseñada por la gran patronal. Estos sujetos se están haciendo ricos con tal ejecutoria, y es imposible ponerse delante del televisor o abrir un periódico sin que aparezcan allí, agresivos, demagógicos, insultantes, amenazantes. No puede ser de otro modo, son los nuevos “soldados de la fe” inquisitoriales del capitalismo globalizado… aunque lo cierto es que están perdiendo la partida y es posible que tenga un fin triste y ominoso a medio plazo.

         Tenemos que considera el futuro con optimismo. La perfidia del gran capitalismo europeo, cuando se ha hecho agente de un genocidio étnico y cultural contra los pueblos europeos, brinda a éstos una buena oportunidad para desprenderse de él por derrocamiento revolucionario, para convertirlo en una realidad del pasado. Eso es la revolución. El tándem gran capital/Estado, que es el meollo de la Unión Europea, puede naufragar si los pueblos europeos se alzan para persistir en su ser, para evitar el exterminio, para reproducirse y tener hijos, para liquidar los poderes estatales/empresariales que nos aniquilan

         Muchas más cuestiones hay que ir analizando y trasladando a la opinión pública. El conjunto formará un corpus argumental con el que mover en la calle a los pueblos contra el hecho migratorio y quienes lo realizan y defienden, por la revolución popular, por una sociedad comunal autogobernada y autogestionada.

         Para ello hace falta inteligencia, cómo no, pero sobre todo valentía, Quien se atreva debe saber que va a ser linchado por los poderes establecidos y perseguido por sus partidas callejeras de la porra, lo que alguien ha denominado “ejército del terror” del capitalismo globalizador. La valentía y el coraje son, en este asunto, el componente esencia de la metodología necesaria.

         Este debate lo perderá el poder constituido y lo ganará el pueblo. En los hechos así está siendo ya.  

martes, 25 de julio de 2017

¿POR QUÉ EL RACISMO SE HA CONVERTIDO EN EL PECADO NEFANDO DE NUESTRO TIEMPO?


         La equívoca elevación mediática del racismo (en verdad sólo de una de sus manifestaciones, no de todas y ni siquiera de la ahora más peligrosa) a uno de los grandes males con exclusión de otros, operación que es dirigida, organizado y subvencionado institucionalmente, necesita una explicación. Hoy “todos” están en contra del racismo, al menos del racismo hostil a las gentes de piel oscura, pero muy pocos se posicionan con la misma determinación y furia en contra de la presente concentración de la riqueza y la propiedad, como nunca antes ha existido, que se realiza en la gran empresa multinacional y en los aparatos estatales. Es una minoría todavía más exigua la que se ubica en oposición al Estado actual, policial, militarista y extractor por coerción extraeconómica de fabulosas riquezas de las clases populares para, también, suministrárselas a la gran empresa privada. Que muchos millones de personas en los países europeos, sobre todo en España, vivan en situación de pobreza afrentosa que se hace cada día más grave y extendida, sobre todo gente joven, no suscita ni mucho menos el rechazo del racismo.

         ¿Qué hace de éste una práctica tan universalmente aborrecidas, al menos en una primera aproximación?

         En sus fases iniciales el capitalismo se sirvió del racismo de diversas maneras. Racismo contra los trabajadores, a los que tenía por “étnicamente degenerados”; racismo contra los pueblos vecinos, a los que deseaba conquistar; racismo contra las gentes de otros continentes, etc. Antaño “todos” eran racistas convencidos, de manera similar a como hoy “todos” son antirracistas militantes…

En su desarrollo, el capitalismo se va desprendiendo de relaciones sociales e ideologías que le son impropias, heredadas del pasado, como es el esclavismo y su pervivencia en el racismo antinegro, pues su modo específico de explotar y dominar a los trabajadores está en el régimen salarial, formalmente contractual. Por eso necesita transitar desde un mercado imperfecto a otro perfecto, desde un ser humano que sólo parciamente se define por la economía al “homo oeconomicus”. En esta triunfal ida hacia su plenitud, el capitalismo ansía (y necesita) dejar atrás la fase en que los seres humanos fueron calificados con categorías ajenas al mercado.

         Una de ellas era la raza. Ésta no es un atributo económico, no computa el dinero o el capital-dinero del individuo, sino algo ajeno a lo económico. En un orden donde el mercado (siempre tutelado por el sistema de Estado/Estados, a través principalmente del sistema legal, del Derecho burgués codificado en el siglo XIX) lo ha de decidir todo, cada individuo debe valer y ser el dinero, o la propiedad medible en dinero, que posea y nada más. Únicamente en tal situación puede hablarse de mercado perfecto. Poner trabas a la circulación del capital, y a la circulación de la mano de obra, debido a categorías extrañas a lo económico, es una situación indeseable, y con el paso de los años incluso muy indeseable. Si la cuestión de la raza dificulta, por poco que sea, la movilidad del capital y la mano de obra, en ese caso hay que proyectar y realizar una ruidosa y agresiva campaña mundial contra el racismo, la hoy en curso.

          La fluidez en el mercado mundial de los factores productivos, el capital y la mano de obra, favorece la tendencia natural del capitalismo a la concentración y la acumulación de la propiedad y los recursos financieros, a hacer cada vez más ricos y despóticos a una minoría ínfima, y cada vez más explotados y expropiados a la gran mayoría de trabajadores y asalariados. Por eso el poder constituido se despepita por eliminar todas las trabas y limitaciones extraeconómicas, la raza en primer lugar (las diferencias por sexo, credo, etc. también), para que cada persona sea exclusivamente los recursos monetarios que posea o la fuerza de trabajo que esté en condiciones de allegar al mercado.

         Así pues, a más activismo simplemente antirracista más perfecto será el mercado, y más se profundizará la división entre una minoría super-rica, y por ello mega-poderosa, y el resto de la población. El mercado mundial capitalista, de por sí, no es racista (la plusvalía y los beneficios empresariales carecen de color de piel) pero si es ferozmente clasista, por creador de desigualdades crecientes. De ahí que el “final” de las diferenciaciones entre los seres humanos a causa de la raza, etc., vaya unido a un incremento colosal, nunca visto, de la desigualdad por posesión de la propiedad y los fondos fiduciarios.

         Esto no debe entenderse como una contraposición entre racismo y clasismo sino como una explicación de por qué la acción contra el racismo, si no va unida al compromiso revolucionario en pro de un sistema económico comunal autogestionario (surgido de la expropiación del gran capitalismo por el pueblo), se sitúa en el terreno de lo que interesa y urge a la empresa multinacional del siglo XXI. Todo racismo y todos los racismos son execrables, al destacar en el ser humano lo que es irrelevante, los caracteres étnicos, pero todo clasismo lo es muchísimo más aún, al otorgar a una minoría un poder de vida y muerte -literalmente- sobre la gran mayoría.

         El mercado (más exactamente el conglomerado mercado-Estado), ni el imperfecto de antaño ni el perfecto (o casi) de hogaño, puede ser aceptado como regulador básico de la vida económica, pues de él resulta la acumulación de la riqueza y la expropiación de los pequeños propietarios, así como la trituración codiciosa de los asalariados, cada día más intensa. En efecto, el descenso de los salarios reales en el último lustro produce vértigo, sin que por el momento haya surgido un activismo dedicado a denunciarlo, equivalente en ímpetu y agresividad al antirracista, casi siempre subsidiado desde el poder/poderes. Los oligarcas de las finanzas son tiranos públicos que hay que derribar como clase para que triunfe la libertad, social e individual. Hoy, la principal forma, con mucho, de desigualdad entre los seres humanos, proviene de su relación con la riqueza y al poder estatal, y es ahí donde hay que centrar la acción subversora.

         Quienes, ingenuamente y con la mayor buena fe, creen que su compromiso simplemente antirracista les permite hacer una aportación a la mejora de la condición humana, se equivocan. En realidad, están contribuyendo a la creación de un “homo oeconomicus” absoluto y un mercado capitalista perfecto, lo que causa escalofríos. Practicar el antirracismo sin revolución es situarse al lado de los muy ricos y a su servicio. No basta con las buenas intenciones, hay que unir la voluntad de servir a la humanidad, en este caso resistiendo al racismo, a los racismos, con un esfuerzo de la inteligencia que permita diferenciar entre lo que sólo parece bueno y lo que es realmente bueno. Quienes actúan movidos por un idealismo sin fundamento reflexivo se hacen agentes inconscientes de las fuerzas oscuras más tenebrosas.

         Por lo demás, la economía, mal que les pese a los doctrinarios del economicismo, es parte y no todo, y además parte subordinada a la política, así que por razones de dominio y ventaja política son ahora promoviendo desde el poder constituido nuevas formas de racismo, entre las que destaca el racismo antiblanco. Pero esto es otra cuestión a estudiar en un próximo artículo.

jueves, 13 de julio de 2017

VENEZUELA, DAR EXPLICACIONES

         Asistimos a la agonía del chavismo. Los acontecimientos indican que tal régimen ya no interesa a las elites políticas, económicas y militares venezolanas, debido a su impopularidad e ineficiencia global, por lo que progresan las maniobras e intervenciones dirigidas a sustituirlo por otro, vulgarmente parlamentarista. Ahora son los partidos de la derecha lo que están siendo promovidos por la oligarquía. La acción partidista se dirige asimismo a evitar un alzamiento popular espontáneo contra el chavismo, similar al que derrocó al tirano comunista/fascista Nicolás Ceaucescu en Rumania en 1989, lo que podría llevar a una situación problemática en la calle.

         Se trata, en consecuencia, de que quienes de buena fe y con la mejor intención dieron respaldo público a Chávez y a su régimen se atrevan ahora a, también públicamente, admitir que se equivocaron, señalar las causas de su error, establecer las vías para no volver a incurrir en él y pedir disculpas. Están moralmente obligados a ello, y también políticamente.

         Los que apoyaron el chavismo porque eran financiados desde Venezuela, ellos o las rancias fuerzas políticas a las que pertenecían, no van a explicar nada ni a disculparse, ya que son una parte del aparato del poder aún actuante allí, y un apéndice del gran capital chavista. Se hundirán con Maduro, y sólo sus bolsillos lo lamentarán, dado que son aventureros y filibusteros de la política que cobran de todos y se enriquecen con todos.

         Los que vitorearon a Chávez con la mejor intención, creyendo que en Venezuela estaba teniendo lugar una “revolución”, tienen que empezar por ahí, por reflexionar sobre la noción de revolución. Por su misma naturaleza es un acontecimiento popular, realizado desde abajo, el pueblo contra el Estado, para lograr su derrocamiento e imponer un sistema de autogobierno popular por asambleas y una economía autogestionada. En Venezuela lo que se ha efectuado han sido los primeros pasos de una vulgar  y tópica “revolución desde arriba”, con el ejército como guía y elemento agente. Conviene recordar que Hugo Chávez era teniente coronel y que actuó como cabeza del aparato militar, el mismo que desde la independencia en 1811 está reprimiendo y acuchillando a las clases populares.

         Una revolución dirigida por el ejército, el venezolano o cualquier otro, es imposible, es una anti-revolución. El ejército es siempre y en todo lugar la forma superior del poder oligárquico y el blanco principal de cualquier verdadera revolución, que necesariamente ha de ser popular.

         Otros, algo más lúcidos, pensaban que si bien el chavismo no era revolucionario al menos era “antiimperialista” y, además favorecía a las clases populares, elevando su nivel de consumo. Luego veremos en qué consistió el dudoso antiimperialismo de Chávez, pero ahora se dirá que ampliar el nivel de vida de la gente trabajadora debe resultar de su propio esfuerzo, no de la acción paternalista, asistencial y caritativa del Estado, dirigida a corromper y sobornar a las gentes modestas, poniéndolas al servicio de los planes del gran capitalismo, que fue lo que con cierto éxito durante un tiempo hizo el chavismo, hasta que el desplome del precio del petróleo le dejó sin fondos para comprar desvergonzadamente a la plebe. Ahora las condiciones materiales de existencia de un sector enorme y creciente de la población son todavía más bajas que antes de Chávez, con pobreza e incluso hambre en fase de generalización.

         ¿Qué ha sido la “revolución bolivariana”?, ¿cómo entender su “socialismo del siglo XXI”? Para comenzar hay que señalar que es una revolución singular, pues mantiene y fortalece el aparato de Estado, sobre todo el ejército, y desarrolla el gran capitalismo, el privado no menos que el estatal. Toma del ideario socialdemócrata, y también del fascista, la suposición de que una enérgica intervención del Estado obligará al gran capitalismo a obrar de manera “social”, además de cumplir aquél una función “redistribuidora” de la riqueza, pretendidamente porque el aparato estatal va a imponer fuertes cargas fiscales, “socializar” (nacionalizar, o sea, estatizar) las grandes empresas, etc., con lo que obtendría una gran masa monetaria que sería distribuida entre el pueblo…

         Eso lo hemos leído y escuchado miles de veces, y también hemos seguido los ensayos que se han realizado en numerosos países para aplicarlo, con unos resultados siempre nocivos. La causa última es que el Estado y el capitalismo forman un par íntimamente conexionado, lo que impone que el crecimiento del primero siempre esté al servicio del segundo. Por ejemplo, en Venezuela hubo dádivas y limosnas -perversas- para la plebe, aunque muchas menos de lo que se suele decir, mientras abundaron los ingresos petroleros pero en cuanto éstos escasearon todo los fondos disponibles se han destinado a las grandes empresas, han ido a mantener elevados los beneficios del gran capitalismo estatal y privado. Eso explica, en última instancia, la dramática penuria de medios de vida y consumo básicos que padece la gente de la calle ahora. En el presente, se ha terminado el paternalismo estatal porque los ricos, incluida la muy corrupta “clase política” chavista,  se quedan con todo…

         El “antiimperialismo” es otro de sus mitos mendaces. Respecto a EEUU el gobierno bolivariano siempre ha cumplido todos los acuerdos y compromisos que tiene con él, hostilizándole sólo de forma verbal y palabrera: a eso se reduce su oposición. Pero es cierto que el proyecto del teniente coronel Hugo Chávez pretendía ir reduciendo el poder y presencia del imperialismo yanki en Sudamérica, para crear un vacío que debía ser llenado por un nuevo imperialismo regional, precisamente el bolivariano. Ese es el meollo del proyecto chavista, apoyarse en el petróleo (del que Venezuela tiene una de las mayores reservas del planeta) para convertirse en el nuevo poder imperial, económico, político, diplomático y militar, de esa zona del mundo, en un subimperialismo de nueva data.

         Así pues, el “socialismo del siglo XXI” combina el apetito imperialista y el asistencialismo social-estatal a gran escala con el alto mando militar dirigiendo la operación entre bastidores. En ello no hay mucho de nuevo, pues son numerosos los países del Tercer Mundo que, en algún momento de su historia, han implementado políticas similares, aunque distinguiéndose la bolivariana por su elevado uso de retórica pseudo-marxista.

         La clave de bóveda de la operación fueron, según se expuso, los inmensos ingresos por petróleo que en la época de los precios muy altos del crudo entraban en el país, lo que creó una euforia social descomunal, permitiendo incluso el soborno y compra de numerosas agrupaciones políticas, partidos y personalidades por todo el planeta, sobre todo en España. La idea de construir no se sabe qué “socialismo” sobre la base del mercado mundial capitalista, con los ingresos obtenidos en él, es de risa…

         El mercado capitalista, al divisar precios muy altos de esa materia prima, activó los mecanismos correctores, haciendo que la oferta de crudo se ampliase notablemente, debido a nuevas formas de producir energía (fractura hidráulica, eólicas, biocombustible, gas, etc.), por lo que en los inicios del presente decenio aquéllos comenzaron a retroceder rápidamente, hasta casi desplomarse. Con ello, el chavismo se acabó.

         Pero previamente, con los precios altos, tuvieron lugar procesos económicos de una gran letalidad. Describiré uno. Cuando la demanda exterior de muy caro petróleo venezolano era enorme, la moneda nacional del país, el bolívar, se apreció de manera proporcional al flujo de las ventas en el exterior, lo que por un lado hacia muy difícil exportar cualquier otro producto que no fuera el crudo y por otro otorgaba a los bienes importados unos precios inferiores a esos mismos elaborados en Venezuela. Con ello, los diversos sectores productivos interiores, en la agricultura, la artesanía, la pesca, la ganadería, la industria, etc., entraron en una fase de mengua e incluso liquidación. Por el momento, eso parecía un hecho irrelevante, pues todo lo que necesitaba el país podía importarse pero, años después, el desplome del precio del petróleo se dio en el marco de una economía que dependía del exterior para todo, con una gran burguesía compradora que obtenía muy elevadas ganancias meramente importando bienes básicos, y que por ello no deseaba reactivar la producción autóctona.

         Como, además, los teóricos de la revolución bolivariana (entre los cuales destacan personajes sobrados de furor dogmático, como Ignacio Ramonet, biógrafo del caudillo Chávez y gran sostenedor teorético del desastroso proceso bolivariano) concluyeron que los ingresos por el petróleo tenían que invertirse en los sectores donde fueran más productivos conforme a las demandas del mercado mundial, no se atendió a la producción de bienes básicos, que son los que el pueblo necesita. Eso ha establecido una economía asombrosamente desequilibrada, que padece de escasez crónica de medios de vida a la vez que proporciona muy elevados beneficios a la gran empresa venezolana.

         El designio de lograr un desarrollo máximo del capitalismo centrando todo o lo más importante de la actividad económica en una materia prima dirigida a la exportación ha sido efectuado en varias ocasiones en diversos países, siempre con resultados pésimos para sus pueblos. Lo hizo Cuba en tiempos de Fidel Castro con el azúcar, Argentina con la carne un poco antes (hoy sigue en ello con la soja), Chile con el cobre (antes con el guano), Bolivia con el estaño, etc. Ese obrar es exactamente lo que el gran capital globalizador propone, así que no puede comprenderse que desarrollar el capitalismo más agresivo sea “socialismo”. La hiper-dependencia del mercado mundial que el chavismo practica, con aniquilamiento de la pequeña y mediana producción local de autoabastecimiento nacional, es lo propio del neoliberalismo, que sus seguidores denuestan de palabra, manifestando una doblez e impudicia enormes, para que no se perciba que ellos son en los hechos neoliberales prácticos y globalizadores enardecidos.

         El descomunal fiasco económico del chavismo es el del fracaso de un proyecto para crear un gran capitalismo de naturaleza subimperialista a toda velocidad, en muy poco tiempo, con el Estado (sobre todo el ejército) dirigiendo la operación. Aquél creyó con la fe del carbonero en las excelencias del mercado mundial pero no comprendió que éste no es una institución natural sino un mecanismo propio del capitalismo global subordinado a las grandes potencias, que prima a los más poderosos y debilita a los que lo son menos, según la regla de la acumulación y concentración del capital. Una economía popular autogestionada es la única que puede resolver las necesidades básicas de la población, y la primera condición para ello es salir del mercado mundial, que en el caso de Venezuela equivale a no organizar la economía sobre la base de una materia prima, el crudo. La poliactividad, y no la monoproducción, es lo propio de una economía popular autogestionada sin ente estatal ni clase patronal.

         La puesta en evidencia del proyecto bolivariano está fomentando un descontento popular formidable en Venezuela, que por el momento es utilizado por los partidos de la derecha, y que llevará a corto o medio plazo al final del gobierno chavista. La situación es tan desesperada para las clases subalternas que puede haber una explosión popular, como se dijo. Tal es el temor que unifica a derechistas y chavistas.

         Es posible, aunque no probable, que la ruptura con el chavismo lleve a una situación revolucionaria, a una emergencia radical desde la base del pueblo dirigida a extinguir el perverso poder de la oligarquía autóctona, que se impuso a las clases populares en 1811 tras expulsar al colonialismo español. Bolívar, una personalidad aristocrática, maquiavélica, racista, que sentía hacia la gente modesta un desprecio ilimitado, dirigió la construcción del nuevo Estado destinado a proteger la gran propiedad y a los ricos. Reclamarse de sus ideas y de su herencia política es descabellado, algo así como hacerlo en España del general Espartero…

         Venezuela necesita de la revolución. Esperemos que finalmente estalle y barra a la hiper-corrupta casta chavista (ahora entregada a detener, torturar y asesinar a las gentes que se manifiestan en la calle) tanto como a la derecha, al ejército tanto como a la gran empresa estatal capitalista dedicada a mercadear con el petróleo.

         En este marco quienes con la mejor intención lisonjearon al chavismo tiene ahora que hacer balance crítico-escéptico de su ejecutoria, admitir que se equivocaron, hacer suyo el programa de la revolución popular mundial y respaldar la acción revolucionaria del pueblo venezolano. La lectura del libro “I Encuentro de reflexión sobre Revolución Integral. Recopilación de textos”, 2015, es apropiada.

jueves, 22 de junio de 2017

EMPAREJADAS CON LOS PSICOFÁRMACOS

        Los datos son alarmantes, y cada año que pasa más. El 25% de las mujeres toman ya antidepresivos a diario, y las bajas laborales por depresión están en crecimiento, constituyendo, al parecer, la principal causa de su inasistencia femenina al trabajo. De ser un problema mínimo hace sólo un par de decenios se ha hecho una cuestión de primera significación.

         Según algunos expertos la depresión mayor es originada por desequilibrios químicos en el cerebro, por lo que tiene un eficaz tratamiento médico-farmacéutico. Otros lo niegan o dejan esa etiología reducida a un número muy pequeño de casos, proponiendo que las causas de la gran mayoría de esta perturbación del espíritu son vivenciales, existenciales. De creer la primera interpretación, habría que explicar por qué en los últimos dos decenios se están produciendo aquéllas alteraciones fisiológicas de un modo tan masivo y creciente en las féminas…

         La depresión grave es dolor emocional y sufrimiento psíquico, en ocasiones muy intensos. Incluye tristeza, apatía y pesimismo, ausencia de vitalidad, desexualización y fobia relacional, incapacidad de trabajar y fantasías autodestructivas. La medicina ortodoxa lo trata con la denominada “píldora de la felicidad”, a base de fármacos hoy bastante populares, Prozac, Celexa, Paxil, y otros. Se toman ¡y todo resuelto! En la realidad las cosas resultan ser más complicadas.

         Tales específicos son, para empezar, tóxicos, y su ingesta no es buena para el organismo, recelándose que originen daños cerebrales, en particular cuando se administran durante largas temporadas, o de por vida. Esto es negado por la industria farmacéutica pero estudios de laboratorio más imparciales y, sobre todo, la experiencia de su uso habitual, dejan lugar a escasas dudas. Además, producen adicción, pues son drogas (legales) similares a las anfetaminas, de manera que su consumo es adictivo, con síndrome de abstinencia cuando se abandonan. Suscitan trastornos en el ánimo, con irritabilidad, ofuscación, autoodio (autolesiones y suicidio), inhibición de la libido, ataques de pánico, insomnio y otras perturbaciones. Se sospecha con fundamento que hay una relación entre su deglución y la perpetración de asesinatos, así como con la práctica de actos suicidas. Además, incrementan el riesgo de accidentes de tráfico. Así pues, lejos de ser píldoras que devuelven milagrosamente la alegría y la vitalidad lo que hacen en reforzar los componentes del lúgubre estado de ánimo y modo de existir propios de la persona depresiva.

         Su consumo prolongado, que es lo habitual en las mujeres, igualmente altera negativamente el carácter, haciéndolas poco aptas para adecuarse a los cambios, las nuevas situaciones y las dificultades, reduciéndola a una existencia vegetativa, por pasiva, rutinaria, aletargada y nulificada, además de particularmente vulnerable. Crean dependencia, según se dijo, convirtiendo a la mujer en drogadicta dentro de la legalidad, unida por férreos vínculos de subordinación y sumisión a su psiquiatra-traficante. Para algunos el uso de estos pseudo-fármacos institucionales es “más peligroso que las drogas ilegales vendidas por las camellos en las esquinas”. La situación es aún más inquietante debido a que lo habitualmente tomado es un cóctel de fármacos, que unifica antidepresivos, analgésicos, ansiolíticos y otros…

         Íntimamente relacionados con tales padecimientos están determinadas disfunciones físicas, trastornos en la alimentación (anorexia y obesidad), retirada del periodo a edades tempranas, envejecimiento corporal prematuro, dificultades para quedar embarazadas, reducción de la masa muscular, pérdida de cabello, etc.

         Todo ello debe explicarse desde la condición y estatuto de la mujer hoy. En apariencia, la situación parece maravillosa. El Estado y el gobierno “protegen” a la mujer, haciendo leyes parciales hacia ella (como la de Violencia de Género, explícitamente sexista), otorgándola privilegios económicos y de otros tipos a la vez que humillan y persiguen al varón. Los medios de comunicación, los políticos y la intelectualidad emiten una interminable locuacidad adulatoria hacia las féminas. La captura de entidades mandantes y puestos de poder por las mujeres está en flujo, de manera que cada año hay más féminas gobernantes, altas funcionarias, multimillonarias, profesionales exitosas, etc., hasta el punto de que en pocos años quizá superen a los varones en tan viles quehaceres. La autonomía e independencia personal de la mujer como realidad sociológica es, al parecer, inmensa y creciente. Su incorporación a la actividad productiva resulta ser colosal. En las universidades se gradúan cada año más mujeres que varones. En suma, un panorama impresionante…  que está siendo puesto en cuestión por la expansión, hasta ahora imparable, de las dolencias psíquicas englobadas en el vocablo “depresión”, así como de sus secuelas físicas.

         Si las causas son existenciales y sociales, ¿cuáles es posible citar como principales?

Se enumerarán diez: 1) La ausencia de vida relacional en una sociedad entregada a la hostilidad interpersonal, la soledad perdurable, la fragilidad convivencial y el desamor. Si el amor es una necesidad primaria del ser humano su cuasi imposibilidad hoy perturba lo más profundo de su naturaleza, en la mujer y también en el varón, aunque tal vez más en aquélla. 2) La falta de realización libidinal, erótica, sexual y maternal, en un sistema que desincentiva el tener hijos porque aceptar inmigrantes es mucho más barato, que desexualiza y que persigue maquiavélicamente lo libidinal heterosexual por sus posibilidades reproductivas. 3) El régimen de “protección” sexista/neo-misógino de la fémina hoy a cargo de las instituciones, calamitosamente neo-patriarcales, que dificulta e incluso impide a la mujer ser por ella misma y la infantiliza, con lo cual la hace menos apta para enfrentarse a una realidad social crecientemente hostil, de donde resulta angustia, frustración, temor e impotencia, o sea, depresión. 4) La congoja de criar hijos en una sociedad atomizada y desestructurada, construida para el trabajo asalariado y el dinero, no para la crianza, la maternidad y los niños, lo que es percibido con desasosiego y tensión por las que ya son madres y más aún por las que quisieran serlo pero se siente incapaces de sortear los obstáculos, de donde resulta una frustración del deseo materno que corroe en lo psíquico y lo físico al 90% de las jóvenes. 5) la desintegración de la feminidad, debido a la conversión forzada y brutal de la mujer en fuerza laboral o mano de obra, lo que hace que hoy no se sepa qué es ser mujer, en qué consiste ser persona-mujer y como obrar según lo que se es/no se es, extrañísima situación que origina un caos de identidad con perturbación psíquica profunda. 6) La extinción tendencial de la familia/familias (existen diversos tipos), demonizada por todos (cada cual a su modo) y casi demolida ya para que el Estado y la gran empresa consigan avasallar absolutamente al individuo, que ha de ser uno y sólo uno, frágil criatura solitaria sin nada de colectivo, de “nosotros”, para que de esa manera resulte lo más débil y vulnerable posible, operación de la que la fémina es la víctima principal. 7) La vida en las grandes megalópolis, que multiplica por mucho todos los males descritos, al ser la gran ciudad una realidad antinatural particularmente aciaga para las mujeres, 8) El trabajo asalariado, progresivamente degradado, con más autoritarismo y violencia (ejercidas por mujeres-jefas cada día más) contra las trabajadoras, que no logran hallar en esa actividad neo-esclavista las maravillas “liberadoras” que las multisubsidiadas agentes ideológicas de los empresarios prometen. 9) La pobreza, ya ahora, con salarios de 400/600 euros. 10) La zozobra respecto al futuro, pues con la Seguridad Social medio quebrada, la economía incierta y la prohibición institucional de tener hijos, ¿quién va a atender a las mujeres mañana, en la vejez?

         Es comprensible que muchas féminas se estén desmoronando mentalmente, por causa de esa vida insensata, deteriorada, no-humana e intolerable. En el actual régimen neo-patriarcal el “pater familias” es el Estado, que es quien “protege” y “cuida” a la fémina, tenida por menor de edad e inferior, por tanto, incapaz de cuidarse a sí misma. En primer lugar la “protege” (separa y enfrenta) de los hombres, presentados por el celoso y posesivo “pater” como los enemigos por excelencia de las mujeres, al tenerlos por sus competidores. Todo esto es tan antinatural, tan perverso, tan deshumanizado y tan demente que un número creciente de mujeres responde con formas particularmente graves de patologías anímicas, y también con el suicidio. No es llevadera una existencia “sin”, es decir, sin afectos, sin sociabilidad, sin erotismo, sin relaciones, sin hijos, sin familia, sin recursos materiales, sin proyecto de vida, gastada en someterse coercitivamente al nuevo “pater familias” y a sus sádicas agentes, las jaurías subvencionadas por el Ministerio de Igualdad, enfrentada con todos (con los hombres porque son hombres y con las mujeres porque son jefas, o competidoras, o…), con una confusión enorme sobre la propia identidad y acerca del modo de obrar y comportarse en el día a dia. De manera que las mujeres más sensibles, o más débiles, o más expuestas, o más solas, se vienen abajo.

         En realidad, toda la sociedad, todas las clases populares, se están desmoronando. Un caso es el tratado pero otro la nueva arremetida de las drogas “ilegales” entre los varones, de tal modo que como dice un buen conocedor, “ahora consume todo el mundo, ya no queda nadie que no lo haga”. Es comprensible (aunque no apoyable), pues la existencia se ha convertido en un infierno cotidiano. Por eso las drogas, las legales y las “ilegales”, son un modo de autodestrucción, de suicidio, de salida trágica de una existencia atroz, hecha de sufrimiento sin satisfacciones ni significación, que ciertamente no merece ser vivida.

         Avanzamos hacia una situación en que una porción mayoritaria de la población está, por decirlo de una manera franca, enloqueciendo, agrediéndose y matándose, al haber sido despojada incluso del instinto de supervivencia, al ser obligada por el sistema de dominación a llevar una vida sin sentido, terrorífica por no-humana. Así las cosas, cabe formular una pregunta más, secundaria con todo pero no irrelevante, ¿quién va a pagar, quién está pagando ya, los costes, los gastos de todo ello, en una sociedad progresivamente más pobre? El consumo masivo de psicofármacos es muchísimo más que la imposición de la industria farmacéutica, es la expresión de una quiebra en lo más profundo de nuestra condición de seres hiper-dominados y no-libres, la prueba de que ya no sirven los remedios dentro del sistema, por razonables y parcialmente paliativos que sean[1].

Se acerca el momento de elaborar un programa y dar la batalla en esta cuestión, la de la devastación planificada de las féminas por el actual orden neo-patriarcal.

Mientras, queda invitar a las mujeres a que se divorcien y aparten de los antidepresivos, a que confíen en sí mismas y localicen en su interior las fuerzas, que sin duda existen, tienen, para recomponer su existencia y volver a ser seres humanos-mujeres con capacidad para vivir desde ellas, por ellas y con ellas. El sitio de los psicofármacos es el cubo de la basura, y el de las mujeres la existencia relacional, la totalidad de la vida, la revolución. Junto con los varones y contra el Estado y las grandes empresas, con la confianza que, sin ir más lejos, el amor y el erotismo es un remedio infinitamente mejor que las temibles “píldoras de la felicidad”, otro instrumento para el control mental y político de las mujeres. La alegría, la voluntad de vivir y la esperanza tienen que ser elecciones a priori, modos de existir y estados psíquicos propios y cotidianos, pase lo que pase.



[1] El análisis que ofrece Peter C. Gotzsche en “Medicamentos que matan y crimen organizado. Cómo las grandes farmacéuticas han corrompido el sistema de salud” contiene datos de interés pero las conclusiones y las propuestas son desacertadas, por simplistas e institucionales. El problema es muchísimo más que la codicia de esas formaciones capitalistas, y el remedio exige medidas incomparablemente más radicales que crear una agencia gubernamental (¡otra más!) que “controle” a dichas empresas. Gotzsche no penetra en el análisis de la quiebra vivencial de nuestra sociedad y del individuo medio, por lo que pretende que en una sociedad enferma y perversa las personas se conserven anímicamente sanas. Ni siquiera atisba los enormes cambios, hasta conformar toda una revolución, necesarios para que la gente del siglo XXI no siga hundiéndose en las patologías del alma y autodestruyéndose de manera inducida.